Baltasar Lobo
Cerecinos de Campos, España. 1910
París, Francia. 1993

Escultor y dibujante. A los once años asiste a la Escuela Cervantes, en Benavente, y completa sus primeros dibujos teniendo como modelo las reproducciones en yeso de esculturas clásicas. En 1922 ingresa como aprendiz en el Taller de Arte de Ramón Núñez en Valladolid, donde talla figuras de santos y modela bustos en yeso y terracota. Durante el año siguiente asiste a clases de modelado en el Museo de Bellas Artes de Valladolid. Trabajando en el Taller de Arte de esa ciudad permanece hasta 1927. Entonces obtiene una beca para estudiar en la Academia de San Fernando en Madrid, y se traslada a esa ciudad. Luego de tres meses deja los estudios para trabajar esculpiendo lápidas y tumbas en talleres de marmolistas. Al mismo tiempo toma cursos nocturnos de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, y participa en unas cuantas exposiciones colectivas. En 1932 debe cumplir con el servicio militar. En 1936 se une a los Republicanos, y al estallar la Guerra Civil trabaja como dibujante para revistas anarquistas. En 1939 se refugia en París, y allí se instala en el antiguo estudio de Gabo en Montparnasse. Conoce a Picasso, Matisse y Laurens. Con este escultor entabla amistad y se hace discípulo de su taller. Es entonces cuando Lobo se enfrenta de cerca con esculturas que, a diferencia de las tallas en las que se había ejercitado mayormente, dan cuenta de la autonomía de las formas en su relación con la naturaleza. Lobo adopta a partir de allí ese principio para desarrollarlo a lo largo de toda su carrera y avanzar hacia lo que ha sido llamado "semi-abstracción", por la permanencia de referencias figurativas que, sin embargo, se presentan sintetizadas e independientes de detalles anecdóticos. Como Laurens, Lobo también hace de la mujer motivo recurrente. En especial en la serie de Maternidades que adelanta a partir de 1946 repite no sólo el motivo, sino además la posición recostada de la madre alzando en brazos a su hijo, basando la exploración en la búsqueda de una estilización de las masas y una mayor participación del espacio. En los primeros años cuarenta sus piezas habían mostrado una cierta dureza de formas y tosquedad en las texturas que luego serían interpretadas como expresión del clima bélico que entonces vivía Europa. Es a partir de 1944 que los rasgos humanos comienzan a desaparecer en beneficio de una expresividad formal que deriva, ya entrada la década de los cincuenta, en una abstracción muy influida por Constantin Brancusi y la pureza de sus formas ovoidales. Esta afinidad con el rigor de Brancusi se manifiesta sobre todo en obras como Cabeza de Mujer, o Cabeza de Gitana de 1957, y se posterga hasta 1965. Luego, y sin abandonar a la mujer como tema preferido, comienza a representar animales. Desde esos días y hasta ahora Lobo se ha orientado hacia lo formal en una abstracción que aunque no pierde por completo el contacto con lo figurativo, desdibuja la geometría que con anterioridad organizaba sus composiciones. En 1977 un viaje a Grecia agrega a los motivos de su inspiración la mitología de ese país. De allí que elabore una serie dedicada a Los Centauros. Lobo trabaja también durante sus más recientes etapas en esculturas de gran formato.

La obra de Lobo ha sido sujeto de exposiciones en Europa y América desde mediados de los años cuarenta, cuando participa en la exhibición de Maestros del Arte Contemporáneo, en La Galería Vendome de París, junto a artistas como Léger, Matisse, Picasso, Bonnard y Laurens. Pero es a partir de los años setenta que adquiere mayor relevancia internacional, y en 1984 es honrado con el Premio Nacional de Artes Plásticas de España. Ciudades como París, Zurich, Annecy, o Luxemburgo han sumado a su paisaje urbano piezas de Lobo. Además, en Venezuela, una maternidad vaciada en bronce en 1954 se integra a la arquitectura de la Ciudad Universitaria de Caracas. Sobre Baltasar Lobo y su obra La Maternidad, cuenta Villanueva:

"Conocí a Lobo en casa de los Poleo, en la casa del Boulevard de los Inválidos. Juntos fuimos a menudo a su taller mi hijo Francisco y con Oswaldo Vigas, a su taller...con un apartamento muy simple y muy modesto, siempre dispuesto a recibirnos con buena paella y prometedores vinos españoles. Unas obras de sus grandes amigos Pablo Picasso y Henri Laurens guindando por encima...

...Lobo ha sido siempre un personaje que me ha conmovido por su obra escultórica expresiva, potente y patética, y por su manera de ser, por su entusiasmo, su humildad y su lirismo patético.

Cuando vino a plantearse el problema de la Integración de las Artes de la Ciudad Universitaria, pensé en Lobo y en su obra tan cerca de nosotros los arquitectos. La Plaza Abierta, limitada por los corredores cubiertos, por el Aula Magna y la masa inmensa de la Biblioteca, necesitaba en su parte central un punto focal, un elemento de interés en su centro y la idea me vino de conversar con Lobo, sobre la posibilidad de utilizar su obra La Maternidad para ese fin. Estudiamos en equipo la ubicación definitiva, las proporciones, los tamaños relativos y los acabados del bronce y de la base de granito. La obra fue ejecutada en su taller que alquiló Lobo no muy lejos de su vivienda y fui a menudo a seguir durante mi estadía en París la evolución de la obra hasta su entrega definitiva al maestro Susse. Hoy en día La Maternidad de Lobo se levanta inconmensurable bajo el cielo de Caracas, al pie del Aula Magna".

EXPOSICIONES INDIVIDUALES

PREMIOS

COLECCIONES

OBRAS URBANAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CRÉDITOS:
Textos: Lic. Analisse Valera
Investigación de Fuentes y Selección de Imágenes: Luis Rafael Bergolla
Caracas, 2000
Regresar a Colección Síntesis de las Artes Mayores