Ciudad Universitaria de Caracas:
Monumento al Hombre Universal Contemporáneo
La
mayor fortuna que la memoria de Carlos Raúl Villanueva pudo recibir en el año
centenario de su natalicio fue la declaratoria de su máxima obra, la Ciudad
Universitaria de Caracas, como Patrimonio Cultural de la Humanidad por
la UNESCO, el pasado 30 de noviembre del año 2000. Este reconocimiento ratifica,
a escala internacional, lo que esta gran urbe estudiantil, sede de la Universidad
Central de Venezuela, significa para muchos: el ejemplo arquitectónico, urbanístico
y artístico más excepcional que en territorio venezolano se haya construido;
hito en la arquitectura latinoamericana y monumento vivo de imperecederos valores
universales.
Esta
obra maestra se debe al talento, pero sobretodo a la audacia de Villanueva de
materializar, como pocos arquitectos y artistas de su tiempo, los máximos ideales
de las vanguardias europeas de principios del siglo XX, sin menospreciar la
sabiduría de la herencia local.Es esa su mayor virtud: haber inscrito a la arquitectura
venezolana, con esta obra, dentro del corpus de la arquitectura moderna internacional,
demostrando magistralmente que es posible la universalidad partiendo desde el
profundo homenaje de lo local.
Concebida
fundamentalmente como una Ciudad-Jardín, la Ciudad Universitaria de Caracas
sobresale como un conjunto autónomo enclavado dentro del centro geográfico de
la capital venezolana, rodeado por las principales arterias viales y el sinuoso
trazo de la serranía del Jardín
Botánico.
El conjunto destinado a albergar las diversas facultades (existentes y futuras),
dependencias administrativas y servicios culturales, deportivos, residenciales
y hospitalarios ofrece más de sesenta edificaciones en los más variados diseños,
circundados siempre por amplios jardines y portentosas estructuras destinadas
para un desplazamiento peatonal protegido, distribuidos en un área total de
terreno de 202,53 hectáreas, de las cuales 129,42 son planas. Una verdadera
ciudad ideal y moderna dentro de la ciudad de Caracas.
Estas
edificaciones las concibió Villanueva dejando libertad de desarrollo paulatino
a cada una, articulándose orgánicamente a medida que las construía sobre la
base de una zonificación funcionalmente dispuesta en diez áreas, de acuerdo
con la especialización didáctica, administrativa, asistencial o de investigación
a las que estaban destinadas. En su momento, este gran centro para la "alta
cultura" destinado a acoger 12.000 almas estudiantiles, fue también sede de
asambleas y congresos internacionales, así como escenario de las actividades
deportivas y culturales de mayor transcendencia nacional e internacional.
Su valor histórico proyecta tres méritos de igual importancia:
Siempre
calificada como la Ciudad-Museo por excelencia, es uno de los pocos ejemplos
construidos como el mundo poético y polícromo vislumbrado por las vanguardias
modernas, en donde el arte se libera para formar parte integral del espacio
habitado por los hombres. Es también el prototipo de la ciudad moderna, la alternativa
utópica con la que se alcanzaría una mayor humanización de la metrópoli, al
diseñarla de acuerdo a la escala humana y al recuperar en ella la naturaleza
perdida por el Hombre, sin negar la necesidad tecnológica, representada en este
caso por el uso del concreto armado y el automóvil.

Y es que la maestría del arquitecto se percibe a todo lo largo del paseo arquitectónico-sensorial que se aprehende a través del movimiento, continuo y fluido, dentro de la Ciudad Universitaria: verdadero paradigma de una arquitectura en cuarta dimensión, en donde los múltiples espacios de formas abstractas y escultóricas en concreto, articulados por las rampas y escaleras, las celosías y los quiebrasoles, integrados a jardines, corredores y estacionamientos, adaptados a nuestro clima, difuminados entre su adentro y su afuera e integrados a las artes plásticas logran construir una realidad dinámica y social pocas veces alcanzada en el pasado por la arquitectura latinoamericana.
Si
bien el tema-valor de la Integración de las Artes no está por encima de los
valores universales elaborados por Villanueva en esta obra maestra, es precisamente
a partir de éste que, la Ciudad Universitaria de Caracas llega a ser de interés
difundido. La critica internacional así lo ha reconocido y celebrado, gracias
al imponderable mérito de Villanueva en su Colección Síntesis de las Artes Mayores,
considerada con justicia como uno de los más felices logros de integración conocidos
a través de la historia contemporánea. Sobre la Ciudad Universitaria, por mencionar
siquiera un juicio calificado, en 1961 manifestó Sir John Rothenstein, entonces
Director de la Tate Gallery de Londres:
"Es de admirar en Venezuela que sus últimos gobiernos, enteramente diferentes en composición unos de otros, hayan puesto vastos recursos en las manos creadoras del más grande arquitecto del país. Su fe ha sido justificada por la edificación de una Universidad de calidad arquitectónica sobresaliente, en la cual las artes visuales están relacionadas en la escala más amplia, con una imaginación y una autoridad incomparables en el presente siglo".
Pero más allá de su conceptualización y lo que verdaderamente
la convierte en una obra preservable para el aprecio universal es su poder,
como conjunto, para "conmover al más distraído" y al más ajeno de los preceptos
o ideas de la arquitectura y el urbanismo en general. No hace falta dominar
teorías para comprobar la experiencia arquitectural que resulta recorrer la
Ciudad Universitaria de Caracas. Particularmente en el centro espiritual, ese
núcleo activo para todas las manifestaciones culturales como Villanueva denominó
al Centro Directivo-Cultural, se logra
crear
una experiencia propia y envolventemente háptica, rica en sugerencias y de una
dinámica plena. Un fenómeno háptico, entendido por Charles Moore y Kent Bloomer
como la percepción del espacio o la obra arquitectónica que trasciende la simple
visualidad externalizada de ella, para convertirse en una sensación corporal
total, que involucra todos los sentidos hasta convertir la percepción en una
situación experiencial. Es por ello que no habrá imágenes ni palabras que logren
hacerle justicia a la maravilla que representa el recorrido sin directriz por
la Plaza Cubierta, a la incursión hacia el espacio perfecto del Aula Magna o
a la contemplación del campus desde la terraza de la Biblioteca Central.
La administración y conservación para el futuro de esta
ciudad del saber, aún se debate
dentro
de dos posturas opuestas: El Plan Rector, que privilegia la idea de preservar
de la forma más intacta posible aquellas obras más sobresalientes del conjunto,
permitiendo el perfeccionamiento, la reforma e innovación de aquellas edificaciones
y espacios que por su desuso, cambio de función o grado de alteración del original
se haya despreciado en el tiempo. Bajo estas premisas se están elaborando los
nuevos proyectos, a incorporar en el campus, para las facultades que restan
por tener sede propia. Existe otra postura, que de modo inverso, defiende conservar
cabalmente y llevar a su estado más original todo lo legado por Villanueva;
lo que conlleva también a desmontar todas las edificaciones impropias o temporales
que se han hecho permanentes alterando la propuesta primaria. Bajo esta óptica,
se están realizando los estudios de factibilidad para reorganizar los usos de
las edificaciones existentes y dar espacio a las escuelas sin sede, siendo firmes
en no permitir nuevas construcciones dentro de la planta física del campus.
Sea
cual sea la estrategia a aplicar, es necesario reconocer que la tarea de preservación
no es fácil ni subestimable, pues la Ciudad Universitaria de Caracas, antes
que ser Monumento Histórico Nacional o Mundial, es un monumento vivo y latente,
con imperativos reales y a futuro que requerirá de respuestas más allá de las
inmediateses, de las buenas intenciones mal encausadas y de los presupuestos
limitados.
"Mi mayor satisfacción, cuando voy a la Ciudad Universitaria, es ver a los estudiantes caminando, estudiando en algún pasillo, los edificios me interesan menos. Cuando la ciudad está sola, se dice que está muerta. Yo no quiero que ocurra esto en mis obras".
Carlos Raúl Villanueva (Ramos, 1976: 34-35)

Las autoridades universitarias, la comunidad ucevista pero sobretodo los venezolanos tienen en sus manos el futuro de uno de los testimonios arquitectónicos más invalorables de nuestro país, el mismo que de mantenerse debidamente en la línea del tiempo narrará a las generaciones por venir el significado cultural y el espíritu de una época que nos marcó máxime nuestra individualidad histórica como venezolanos del siglo XX ante el mundo.
Sirva
también el Sitio Web Centenario Villanueva, como un medio más de campaña permanente
a favor de una colectividad que conozca, sienta real orgullo y proteja la excelencia
original de la Ciudad Universitaria de Caracas, no sólo como monumento histórico
y cultural, sino también como el monumento al Hombre Universal Contemporáneo
que es por excelencia.
LRB / Caracas, Venezuela / enero de 2001