INTRODUCCIÓN
Fue
para muchos 1900, la fecha de partida de un
nuevo siglo, de un nuevo ideal, lleno de un renovado y universal espíritu modernizador.
Para Venezuela, fue un año de profundas transformaciones en lo político y lo
social, que terminó por implantar las bases que rigieron al Estado Venezolano
por más de tres décadas; bien que para Caracas significó el estremecimiento
de un terremoto, que junto con el nacimiento – a distancia – de Carlos
Raúl Villanueva, marcarían el advenimiento de una nueva arquitectura.
El tan anhelado año 2000,
por el cúmulo de bondades tecnológicas y de progreso
que
significaría para el escenario de la vida del Hombre, es hoy más bien aceptado
por la mayoría como la fecha de partida de otro nuevo siglo, pero sin un ideal
definido ni espíritu renovador. Para esta "Tierra de Gracia" nuevamente se repite
su historia con profundos cambios políticos y sociales que amenazan con luenga
permanencia, mientras que para la capital y su antiguo puerto de La Guaira es
ocasión para la reflexión urbanística y arquitectónica, después del trágico
deslave, sufrido en diciembre y que precediera la conmemoración de los cien
años del natalicio de su arquitecto por antonomasia.
El curso de la historia del genoma humano y su mundo ésta lleno de estos paralelismos y ciclos recurrentes, que hacen justificar, cada cien años, más que una celebración, la invitación para una profunda reflexión de análisis sobre una biografía y un legado que como el del Maestro Villanueva, si algo tiene de formidable, es su prodigiosa humanidad, su capacidad para mostrar la posibilidad de construir sus sueños y visiones para el Hombre, siempre concebidos, al igual que la vida misma, como una constante acción de alegría, pues, al fin y al cabo, tal como la entendía Villanueva, la creación es justamente una acción de alegría.
El
Centenario de Carlos Raúl Villanueva (1900-2000),
como el de ningún otro arquitecto venezolano, es motivo de máxima celebración
y honda reflexión -incluso debe serlo para generaciones futuras- porque hablar
de Villanueva, es hablar de una de las contribuciones más valiosas para la arquitectura
y su docencia, el urbanismo y sus transformaciones, las tendencias artísticas
y su integración; todo en el marco de aquella Venezuela moderna y posible. A
él se debe la introducción de nuevos cánones y conceptos de creación, que basados
en las soluciones tradicionales para el clima y la geografía tropical, aportaron
un nuevo y moderno lenguaje arquitectónico. Numerosos elementos introducidos
en su arquitectura: patios, corredores, pórticos, terraza con pérgolas, brise-soleil,
columnas panzudas, marquesinas, celosías y la exuberante vegetación, entre muchos
otros, garantizan la íntima relación que siempre ha existido entre su "espacio
interior" y su acondicionamiento ambiental.
Fue
por la coyuntura política y social que vivía
el
país y gracias a la preferencia que siempre profesó tener hacia las instituciones
del Estado, lo que favoreció la participación de Villanueva en el desarrollo
de proyectos arquitectónicos y urbanísticos de dimensiones mayúsculas, transformando
con ellos el perfil de la ciudad, al introducir por vez primera espacios emblemáticos,
signos y símbolos de la modernidad en Venezuela.
Al postularse para el proyecto modernista de las vanguardias europeas, desde las peculiares antítesis del escenario venezolano, Villanueva tiene que desprenderse, y lo consigue pausadamente, del rígido academicismo francés de su formación y del eclecticismo reinante en la arquitectura venezolana, para llegar a dominar su propio lenguaje arquitectónico.
Y
es por esta configuración en un lenguaje moderno, que las obras de Villanueva
deben entenderse "como afirmaciones experimentales", sin dogmas y sin fórmulas
preestablecidas que intentaron brindar soluciones a las exigencias de una sociedad
asumida sin distinción de clases, aproximándola a la era tecnológica sin el
menoscabo de sus ascendientes culturales, sociales, económicos y estéticos que
le dan forma propia. Su extenso acervo arquitectónico logró demostrar que es
posible la universalidad desde la valoración de lo local. Y es con este acontecimiento
conmovedor del hecho arquitectónico, que Villanueva brindar su mejor aporte
a la arquitectura moderna venezolana, incorporándola así al corpus de la arquitectura
internacional del siglo XX.
Todo un legado arquitectónico asumido como acto social que va madurando con los nuevos tiempos y las influencias nacionales y extranjeras. Siempre experimentando con materiales nobles y sencillos, con el volumen y el color, con el dominio de la luz y la penumbra, con espacios fluidos y hápticos; elementos todos fundamentales de la tropicalidad de Villanueva y que le consignan la clave de su reinterpretación espacial latinoamericana. Expresada de manera magistral en su exposición de la "Síntesis de las Artes Mayores", la concepción y visión del espacio interno como elemento plástico, fue su propuesta mejor lograda, producto de la estrecha relación y afinada sensibilidad que mantuvo hacia las tendencias artísticas abstractas, especialmente las cinéticas.
Su
evolución profesional, más que la de cualquier otro arquitecto latinoamericano,
señala el proceso ininterrumpido de la arquitectura y la transformación de las
tradiciones bajo el impacto de los cambios sociológicos, tecnológicos y estéticos
de la primera mitad del siglo XX. Cada uno de sus momentos creativos, desde
un ecleticismo-historicista, con las edificaciones museísticas; pasando por
un primer entendimiento de lo
moderno
con la Casa Los Manolos, la Escuela Gran Colombia y la Reurbanización de El
Silencio; su pleno dominio dentro del Centro Directivo- Cultural de la Cuidad
Universitaria de Caracas, caracterizada por su obsesión por una fusión entre
las artes; así como sus experiencias con la vivienda obrera multifamiliar; para
llegar felizmente al termino de la decantación de su propio estilo con la búsqueda
de un minimalismo en los Cubos de Montreal, son paralelos y definen a su vez,
el desarrollo de la modernidad arquitectónica en Venezuela, a lo largo de cuatro
décadas (1930-70).
El
énfasis en la estructura como un laboratorio de construcción que se perpetúa
en la forma arquitectónica, la utilización descarnada del vacío, la penumbra
y el color, la transformación de la concepción contemplativa a una concepción
háptica, como experiencia espacio-temporal de la arquitectura son principios
fundamentales que definen su extenso trabajo y cuya concreción le valió a Carlos
Raúl Villanueva su inscripción en el restringido grupo de los Maestros, hito
en la historia arquitectónica continental, junto a figuras de la talla de Lucio
Costa, Oscar Niemeyer, Luis Barragán, e incluso, de Luis Kahn y Alvar Aalto.
Es
por todo ello que la invitación para el Centenario del Maestro Villanueva, es
una profunda reflexión sobre la vigencia de sus aportes, propuestas y soluciones,
que aceptaron el desafío del futuro universal, pero sin rechazar nunca la sabiduría
del pasado local. Sirva este Sitio Web, como espacio holístico e interactivo
para nuevas lecturas o relecturas en nuevos formatos sobre el genio creador
de Carlos Raúl Villanueva y su legado arquitectónico.
Sirva humildemente como una contribución más en pro de su merecido reconocimiento
internacional, hasta ahora limitado y marginado.
Caracas, octubre de 2000
LRB