

Para
Carlos Raúl Villanueva [CRV] la arquitectura
y el diseño, representaron algo mucho más amplio que la simple actividad enmarcada
en la rutina profesional. Para él, diseñar y construir eran la actividad humana
por excelencia. Con una coherencia cabal, con una adherencia perfecta a su carácter,
sus sentimientos y preferencias
anímicas
y sensoriales, CRV concebía la acción de delimitar
el espacio, de organizarlo y entregarlo a la vida de los demás, como la acción
suprema, dotada de todo el valor simbólico del constructor: el ser más positivo,
el Eupalinos de Valéry a quien, él mismo, a menudo, citaba. Nada más alejado
de sus preocupaciones que la concepción de la arquitectura como un mecanismo
mercantil. Ahí estaban su límite y su ideal más hermoso.
CRV
se excluyó a sí mismo de un sector determinante de la realización arquitectónica.
La escogencia fue digna de la modestia y del sentido casi espartano que del
espacio poseía CRV. El más absoluto rechazo
por el nuevorriquismo y el lujo, por nobles preferencias íntimamente ligadas
a su ser más profundo y esencial, lo condujo a dedicar su labor a una obra de
creación en la cual se satisfacían los requisitos más altos de lo que él consideraba
arquitectura. Que esta fuera una ciencia severa como afirmaba Le Corbusier,
podría dudarse. Pero, en todo caso, el Estado le otorgaba la posibilidad de
imaginar un entorno, un espacio, cuya definición implicaba saltar por encima
de las pequeñas contingencias políticas o económicas, del transcurrir conflictivo
de los días, para entregarse a la visión monumental de la arquitectura de uso
público, convertida en símbolo y mecanismo de vida urbana, tal como lo había
visto y experimentado en París, en sus años de estudiante.
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Más
que esbozar una filosofía o teoría arquitectónica, diré cuales son los principios
que guían mi trabajo: Considero que el medio expresivo específico de la arquitectura
es el espacio interno, el espacio fluido, usado, gozado por el hombre. A partir
de la concepción del espacio como lugar privilegiado de la composición, como
clave secreta de todo el proyecto, se articula la caja volumétrica. Se concreta
la estructura portante. Vibra con el color y la textura. Vive con las pulsaciones
de las instalaciones de energía, con los movimientos de los servicios mecánicos.
Creo en las virtudes cartesianas de la lógica y de la coherencia. Su aplicación
a cada proyecto arquitectónico es la primera ley de supervivencia.
Carlos Raúl Villanueva: Textos Escogidos, 1965
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"La
luminosa trayectoria en la arquitectura y el urbanismo contemporáneos, del genial
Le Corbusier, su obra magistral y su vida de lucha titánica revisten caracteres
casi legendarios para sus discípulos y amigos. En las oportunidades que tuve
el honor de tratarlo y conversar con él, salí siempre impresionado por la claridad
de sus conceptos, la fuerza de sus intervenciones y su manera tan sencilla de
atacar todos los problemas, con una honestidad casi agresiva en su valiente
sinceridad".
Carlos Raúl Villanueva: Textos Escogidos, 1965
La
realidad humana de CRV, su integralidad como
ser viviente y creador, supone en efecto aceptar la determinación precisa de
su silueta tan compleja y variable como la de cualquier otro ser humano, pero
no por eso menos delimitada y finita. Por ubicación de clase, por formación
y cultura, su orientación preferencial tuvo necesariamente que inclinarse hacia
los grandes arquitectos modernos y la producción más sofisticada de los grandes
centros urbanos de Occidente.
Si
hablamos hoy de eurocentrismo, debemos reconocer objetivamente que su trayectoria
cultural estuvo claramente inscrita dentro de ese concepto, de él absorbiendo
inspiraciones y referencias constantes. En particular, como ya se dijo, Le Corbusier
y su doctrina
ejercieron
sobre CRV una poderosa y permanente influencia.
Pero por entre ese cúmulo de elementos externos o internalizados, superficiales
o totalizantes y profundos, contrariamente a lo que ha ocurrido y todavía ocurre
con otros arquitectos, CRV supo cultivar con
un esmero especial una relación extraordinariamente comprensiva y expresa de
la tradición colonial y popular. Que es como decir del clima físico del país
y de las soluciones acumuladas durante siglos de experiencias estratificadas
y colectivas.
A
través de ellas pudo mantener en niveles, digamos, menos estridentes, la tendencia
eurocéntrica -la asimilación de la cultura dominante- y gracias a ellas, la
dialéctica de la localización y ambientación, como consecuencias del clima y
sus determinantes, tuvo efectos decisivos en su producción.
En esto de la evolución de la obra de CRV y de sus causas, hay que advertir que es necesario separar las influencias más profundas -las que no se borran nunca aunque se la restriegue con las esponjas de la inteligencia y de la cultura- de las influencias momentáneas, que son asimiladas y luego inmediatamente superadas, convertida ya en material sobre el cual se sigue realizando una confrontación muy personal.
A
las primeras pertenece aquella ilustrísima y estrafalaria meditación académica
de la École Beaux-Arts de París, llena de un loco sentido del
oficio,
de ambiciones didácticas aristocráticas y descomunales y de referencias tozudas
a un pasado muerto y enterrado. En las segundas se inscriben las que van surgiendo
de los viajes, los libros, las amistades renovadas, la lectura diaria de las
revistas de todo el mundo, las obras ajenas que más publicidad reciben en el
momento.
Estas
últimas marcan más visiblemente la periferia de su obra, pero son más efímeras.
Aquellas primeras, en cambio, se descubren con más dificultad pero permanecen
agazapadas detrás de cada decisión de diseño. Es por no haber entendido todo
esto y por haber revisado la arquitectura de CRV
a toda carrera, que H.R. Hitchcok, en uno de los primeros trabajos sobre la
Arquitectura Latinoamericana, no reconoce la herencia de Beaux-Arts, en cuanto
a método, detrás de las formas almost brutal de CRV.



Es admisible, desde luego, la mayor evidencia de la relación del conjunto de Medicina de la Ciudad Universitaria de Caracas y de la Urbanización Rafael Urdaneta, en Maracaibo, con las obras europeas de Mendelsohn, la del Banco Obrero y de las Viviendas de la Ciudad Universitaria con las de Sert, Gropius y Le Corbusier, la de los Estadios con las de Nervi y Niemeyer, la de la fachada principal del Rectorado con las de Asplund. Las referencias cruzadas son múltiples, y apuntan a una gran multiplicidad de indicaciones formales, de compromisos y contaminaciones visuales. Es bueno ser explícitos a este respecto, por cuanto hay alrededor del tema de las influencias y, por consiguiente, de la evolución de la obra de CRV, un posible debate que va más allá del campo ya necesariamente finito de la producción de CRV.



"Porque al utilizar funcionalmente los materiales propios, nuestra arquitectura no fue concebida únicamente para el hombre, sino también para un clima y una luz muy definidos, realizando así una armoniosa unidad con el paisaje que nos rodean".
Carlos Raúl Villanueva: Textos Escogidos, 1965.
| "Ha nacido en efecto un nuevo espacio, una nueva sensación espacial muy distinta en su contenido, más dinámica, más activa y más humana. Ha conseguido evitar no solamente la forma puramente geométrica, sino que todo se disuelve ahora, se adelgaza, se vuelve continuo y transparente y sobre todo se une con otros espacios y otros volúmenes y otras aberturas, con una riqueza de posibilidades jamás imaginada. Todo se atraviesa, se interpreta de un modo fluido y penetrante, en una gama rica y potente y expresa características propias que son: elasticidad, movimiento, continuidad y dinamismo". | ![]() |
| Carlos Raúl Villanueva: Textos Escogidos, 1963 |
Y es justamente por la valorización de la enseñanza
colonial, el cuidado del clima y sus determinantes, así como ... que
la
obra de CRV, a pesar de su ubicación social
e históricamente determinada, ha alcanzado la proyección de una enseñanza, mal
y poco recogida desafortunadamente. La interpretación que CRV
hace de las circunstancias locales precisa de unos vehículos muy particulares
que armonicen la visión adquirida en Europa con la dimensión muy especial del
trópico y del subdesarrollo.
A ese racionalismo un tanto elemental y obvio, que con tanta elocuencia aparecía en los libros ejemplares de Auguste Choisy -inevitables textos de sus estudios Beaux-Arts- CRV agregó, por su propia decisión ese racionalismo, más elaborado y perfeccionado que constituía una de las más importantes justificaciones de Movimiento Moderno.



Para CRV, colocado en el doble contexto de su formación académica y del medio socio-económico en el cual se desempeñó, la racionalidad del diseño, objetivamente, nunca pudo alcanzar la intensidad agónica de un programa realmente asumido como tarea y responsabilidad. La racionalidad, para CRV, permaneció siendo una racionalidad mayor y mejor. Una racionalidad que debía manifestarse, grosso modo, en la escala de los problemas irresolubles de la dependencia petrolera venezolana.



Para él, el campo más propicio, quizás, para lograr esa manifestación de racionalidad, por decirlo así, elemental, era precisamente el de los problemas concernientes a la dimensión general y especialmente amplia del acondicionamiento ambiental.
En
el cómo acondicionar el ambiente, en el cómo cumplir con ese requerimiento,
a la vez elemental y exigente, de garantizar la regularidad de las funciones
orgánicas relacionadas con el
espacio físico, también se manifestaba en forma concentrada uno de los principales
criterios de diseño manejados por CRV. Tales
criterios, en su visión, constituyeron un puente entre la gran renovación arquitectónica
internacional y las tradiciones funcionales nacionales.
"Los arquitectos entonces sustituyeron a un espacio eminentemente estático, por otro esencialmente dinámico. El espacio se conoce porque algo se mueve: el objeto o el espectador y la marcha hacen aparecer bajo nuestra visual la diversidad de los acontecimientos. Se logra desaparecer el sentido de la fachada y el espectador se ve obligado a moverse en torno de la arquitectura para comprenderla, sentirla y saborearla: un nuevo espacio había nacido, no únicamente físico sino abarcando todas las posibilidades humanas".
Carlos Raúl Villanueva: Textos Escogidos, 1963
SÍNTESIS DE LAS ARTES MAYORES
"Conviene recordar con Michel Ragon que, así como los leones no deben estar
en los parques zoológicos, tampoco las pinturas y esculturas deben ser recluidas
en los museos. El ambiente natural de las obras artísticas son las plazas, los
jardines, los edificios públicos, las fábricas, los aeropuertos: todos los lugares
donde el hombre perciba al hombre como a un compañero, como a un asociado, como
a una mano que ayuda, como a una esperanza, y no como la flor marchita del aislamiento
y de la indiferencia".
Carlos Raúl Villanueva: Textos Escogidos, 1965

Queda
finalmente por discutir la intención utópica. El propósito generoso de quien,
en tanto artista, se siente preso de las dimensiones materiales reducidas de
su obra y quisiera multiplicar a una dimensión colectiva y pública sus experiencias
formales. Amplia ha sido la difusión nacional e internacional que ha recibido
el intento realizado por CRV de incorporar
las obras de arte, los artistas, el arte a secas, a su obra arquitectónica.



Todavía hoy, el patrimonio artístico de la Ciudad Universitaria de Caracas representa una etapa única en la historia de nuestro espacio. La presencia en nuestra más importante Casa de Estudios, de los nombres de Arp, Léger, Laurens, Pevsner, Lobo, Vasarely y Calder, entre otros, arroja un resultado de alcances altamente positivos si se atiende a que se trata en realidad de un auténtico museo en plein air, sin que el museo tenga que compartir las restricciones y la exclusividad.
Por
la contradicción en la que se encontró CRV,
al intentar su síntesis de las artes, conviene recordar, ahora, sobre todo lo
que de la empresa realmente es retenido con resonancias asociativas: una colección
pública de arte, un testimonio de las tendencias expresivas de un sector de
los artistas venezolanos y la inspiración generosa, utópica y, quién sabe, un
tanto ingenua, que alentó una vicisitud constructiva ya irrepetible.
Puede
arrojar alguna luz sobre el conjunto de problemas que constituyen esa vicisitud,
el referirnos brevemente a las preferencias que se evidencian en la colección
de arte que CRV fue reuniendo en sus casas,
Caoma, la de la Urbanización La Florida y Sotavento, la de Caraballeda.
Su
selección, afinada por años de frecuentación deleitosa con el fenómeno artístico
fue muy precisa: por un lado, todo lo que tuviera el sabor y el sentido auténtico
de lo popular y folklórico era bien acogido, bien se tratara de máscaras africanas
o de cestería indígena venezolana, de muñecas peruanas o de cerámica andina.
Por otro lado, todo el arte abstracto, en sus diferente modalidades, pero especialmente
el desarrollado por Laszlo Moholy-Nagy y Jesús Soto en su versión óptico-cinética,
recibía su aplauso más
entusiasta.
Quedaba, en sus preferencias, una región no muy bien delimitada donde al lado
del Dadaísmo se hallaban varias formas de realismo mágico o de surrealismo.
Max Ernst, Jean Arp, Antonie Pevsner, Wifredo Lam, eran en ésto sus autores
más apreciados.
Y
en medio de todo ello, estos dos artistas se destacaban de manera muy singular:
Fernand Léger y Alexander Calder;
y
los dos directamente vinculados a CRV por
vía de simpatías mutuas y de analogías de carácter. Lo folklórico y popular
corresponde a su amor por la arquitectura espontánea. El arte óptico y cinético
se identifica lógicamente con su creación arquitectónica.
¿Qué
hace allí el surrealismo, la solidez de Léger y el juego de Calder? Creo poder
afirmar que son estos últimos precisamente los que señalan las referencias más
acertadas, más personales e íntimas de CRV.
Su carácter respondía más fácilmente
a los estímulos misteriosos de las figuras totémicas de Wifredo Lam, a la monumentalidad
sensual y directa de Léger y a la diversión iconoclasta y fugaz de Calder.Su
selección de algunas de las claves expresivas de nuestra época, asentada en
su hermosa colección, fue confirmada por los ensambles que él mismo elaboraba,
con la ayuda de los materiales más inverosímiles, en un juego placentero y modesto,
estrictamente personal, como pequeñas e innegables construcciones.
"Me preocupa el problema de una nueva síntesis de los distintos medios expresivos. Es para mí una aspiración reconducir la arquitectura, la pintura, la escultura, a la cohesión íntima, inextricable, significativa. Quizá los tiempos no sean todavía maduros para ello. No importa. Espero que nuestros ensayos servirán de base para el hombre integrado del siglo XXI. Por lo menos le recordarán nuestra angustia y le harán comprender el valor del progreso".
Carlos Raúl Villanueva: Textos Escogidos, 1965

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