Carlos Raúl Villanueva, el trazo de su vida y obra
"Juro que un día los arquitectos entenderán al hombre y lo justificarán. El mejor de ellos será el que mejor le conozca y le sea más fiel: el mejor arquitecto será aquel que dignifique al hombre".
Hojas de Hierba, Walt Whitman
Primavera de mayo de 1900, Londres.
Carlos
Antonio Villanueva, con estudios en ingeniería civil que nunca practicó es,
al igual que su padre Don Laureano, un historiador y diplomático venezolano
que se encuentra representando a su país, como Cónsul, ante el gobierno de sus
Majestades Británicas. Fue a propósito de celebrarse la Exposición Universal
de París, en 1889, que se residencia en Europa, para desempeñarse siempre en
cargos diplomáticos. Es allí donde conoce a quien fue su esposa, Paulina Astoul,
francesa pero proveniente de una familia de origen vasco residenciada en Argentina
y Francia sucesivamente. Don Carlos Antonio es un burgués, acostumbrado a la
plácida vida europea, y al trato ceremonioso de los salones de la Rue de la
Paix y de Picadilly.
El
30 de mayo, nace en el Consulado de Venezuela en Londres,
su quinto y último hijo: Carlos Raúl Villanueva
Astoul. Venezuela está muy lejos, pero no lo suficiente como para no
enterarse de las premiosas noticias que llegan sobre el triunfo de los andinos
al poder. Al diplomático y escritor no han de parecerle ni extrañas ni sorprendentes
las noticias provenientes de su país. Al fin y al cabo es un evento nada inédito
en la historia política de Venezuela. Sólo que, en esta ocasión, será la Revolución
Restauradora de Cipriano Castro la que logre instaurar la pacificación
del país e implantar las bases políticas que regirán al Estado por más de tres
décadas; así como el nacimiento de Carlos Raúl Villanueva significará el advenimiento
del máximo exponente e impulsor de la arquitectura moderna en Venezuela.
Empero, ambos hechos no pueden dejar de sobresaltar a este hombre de maneras finas, de monóculo y pumpá; Carlos Antonio sigue con impaciencia las noticias que transmite el cable; pues es un estallido que seguramente puede originar otros sucesivos. Entre tanto, Carlos Raúl da los primeros chillidos en su cómoda cuna. Seguramente abre los ojos con displicencia, lloriquea incomodado por el roce de las sabanas o por la hora de su comida. Se podría decir que contará con todos los ingredientes para ser un burguesito él también. Entre las quejas de Carlos Raúl y las inquietantes noticias desde Venezuela desasosiegan, conjuntamente, las noches en vela de Carlos Antonio, logrando sólo que impertinentes ocurrencias pasen por la mente del abnegado padre:
- ¿Y si Carlos Raúl saliera político? ¡No! ¡Ni pensarlo! Será un técnico. Ni político ni escritor. Llevan una vida demasiado agitada. ¡Será un Técnico!
De
la unión entre Carlos Antonio y su esposa nacerán cinco hijos en diferentes
países: Marcel en París, Sylvia en Caracas, Susana en Londres y Laureano en
Caracas; Será Carlos Raúl Villanueva el único de sus hermanos
en
regresar a Venezuela y transformarse en ese criollo
integral que
en todos los aspectos llegó a ser; bien lejos de un burguesito. Entre tanto,
será en este ambiente diplomático europeo que el joven Villanueva se eduque,
permaneciendo sus primeros siete años en Londres para luego residenciarse en
París, siempre dentro del seno de una familia unida, de clase alta y bien posicionada
social y políticamente.
El
joven Villanueva iniciará sus cursos de educación media en el Lycée Condorcet
de París (1912), siguiendo luego los pasos de Marcel, matriculándose en la misma
carrera y en la misma escuela que, desde 1914, había elegido su hermano mayor:
Arquitectura en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts de París.
Sin embargo, al no ser admitido en su primer intento, Villanueva tiene que esperar
un año para volver a presentar el examen de admisión, pues este exigía una gran
habilidad para dibujar. Una vez dominada, con gran soltura, la técnica del dibujo,
inicia sus estudios superiores en 1922 hasta 1928; asistiendo al Taller del
Maestro Gabriel Héraud. De allí obtendrá la excelente formación académica, que
se complementará, de modo autodidacta, con el aprendizaje artístico e histórico
por el que Villanueva siempre tuvo inclinación, enriquecido con el debate y
la efervescencia parisina que estuvo transformando al arte europeo.
Posteriormente en 1937, a propósito de su participación, ya como arquitecto, en la Exposición Internacional de las Artes y las Técnicas en la Vida Moderna, Villanueva proseguirá sus estudios formales en el Instituto de Urbanismo de la Universidad de París, por un periodo de sólo siete meses. Es en este lapso de estudios donde se inicia su basamento para la proyección y construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, en 1944.
Entre
tanto, de los acontecimientos entre su formación básica y su ingreso a la École
des Beaux Arts y entre éste y su graduación son muy pocos los que se registran,
por ejemplo: La anécdota de cuando, a los catorce años, le fueron leídas las
cartas por una gitana de circo y que en ellas aparecían, dentro del futuro de
éste joven, únicamente muchas casas, edificios y ciudades. Especulando, se podría
agregar que Villanueva conoce por esos años de formación académica las experiencias
de la Bauhaus acerca de
la
integración del arte, la técnica y la artesanía; los trabajos de los más importantes
arquitectos y las más avanzadas experiencias europeas en el campo de la construcción,
caracterizadas todas por esa búsqueda de una arquitectura que fuese producto
de la industrialización y la racionalización en los procesos constructivos.
Gropius, Bruno y Max Taut, Mies van der Rohe, J.J.P. Oud, Hans Scharoun, Peter
Behrens, pero especialmente Le
Corbusier, representantes, entre muchos otros, de la síntesis de
la indagación y la experiencia racionalista de la arquitectura de los años veinte
y cuyo significado excepcional circuló por París y por toda Europa, debieron
ser, con certeza, motivo de interés y de profunda influencia
para aquel joven Villanueva, testigo ocular del nacimiento de la arquitectura
moderna.

Tras
haber recibido el título de arquitecto en 1928, Carlos Raúl viaja a Venezuela
por vez primera, hospedándose en la casa de sus tías ubicada en La Pastora y
visita las propiedades que la familia Villanueva poseía en San Carlos, Edo.
Cojedes; luego irá a Estados Unidos, donde trabaja, hasta el año siguiente,
con su hermano Marcel y en la oficina de los arquitectos Guilbert y Betelle,
en proyectos para edificaciones educativas.
Fue
al año siguiente, que Villanueva se radicó definitivamente en el escenario venezolano,
ejerciendo, de una vez, su carrera profesional como arquitecto a las órdenes
del Ministerio de Obras Públicas (MOP), durante el régimen dictatorial de Juan
Vicente Gómez, con quien su familia tenía estrechas relaciones. Por estar
asentado el poder en Maracay, Villanueva tiene que residenciarse inicialmente
en ésta ciudad. Esta toma de tierra de Villanueva en Venezuela, puede considerarse
como un segundo nacimiento desde el punto de vista psicológico y social; pues
tiene que comenzar desde aprender a leer y escribir en castellano, aclimatarse
a una nueva geografía tropical hasta amoldarse a una sociedad predominantemente
rural.
Villanueva
inicia así lo que se ha llamado el Primer
Momento o Caída del Eclecticismo (1929-1938) en su arquitectura,
que se caracteriza, en líneas generales, por una utilización ecléctica de elementos
arquitectónicos: neoclásico, morisco y colonial, combinados con las fórmulas
académicas de la École des Beaux Arts. A este período pertenecen la sede
del Banco
Obrero y del Banco Agrícola y Pecuario (1929-1931), el Hotel
Jardín (1929-1930) y la Plaza
de Toros (1931-1933) en Maracay; los Museos de Bellas
Artes (1935-1938), Ciencias
Naturales (1936-1939) y la Plaza
La Concordia (1940) en Caracas. Su primera obra proyectada en el país es
curiosamente un anteproyecto para la Casa-Club de la Urbanización La Florida
(1929), propiedad de su futuro suegro.
En
poco tiempo, Villanueva asciende como Director de Edificaciones y Obras de Ornato
del MOP (1931-1939). Fue desde allí donde participó en la intensa actividad
desarrollada por el Estado
para hacer, primero de Maracay y luego de Caracas, unas ciudades modernas. De
las obras diseñadas desde esta Dirección, destaca la remodelación para Parque
Carabobo (1934, antigua Plaza La Misericordia) que contó con un grupo
escultórico para su fuente. Además de su armoniosa concepción, lo trascendental
en este proyecto es la relación que se establece, por primera vez, entre Villanueva
y un artista plástico. Con esta plaza, se inaugura la fructífera unión de trabajo
y de amistad entre Francisco Narváez y el arquitecto; siendo ésta participación,
la primera de una serie de intervenciones artísticas-urbanas, integradas a la
arquitectura de Villanueva; rasgo premonitorio de lo que será su máxima obsesión:
la Síntesis entre las Artes Mayores.
Simultáneamente,
Villanueva se introduce en la vida social caraqueña, estableciendo fuertes amistades
con Alfredo Boulton, Arturo Uslar Pietri, Guillermo Meneses, Sofía Imber, Jesús
Soto, Armando Reverón, por mencionar algunos de los intelectuales y artistas
con mayor renombre en el ámbito venezolano. Ello hace que conozca también a
Isabel Margarita (Margot) Arismendi, hija del reconocido y acaudalado
urbanizador Juan Bernardo Arismendi, y de quien aprenderá el negocio de la construcción.
Luego de un noviazgo de apenas 3 meses, Villanueva le ofrece matrimonio, dice
la propia Margot, a razón de dominar ella bien el francés. No muy lejos de la
realidad, pues Villanueva siempre pensó en francés y nunca pudo zafarse de su
acentuada prosodia. Es así como el 28 de enero de 1933, contraen matrimonio
hasta que la muerte del arquitecto los separa. De la unión nacerán cuatro hijos,
dos de ellos también arquitectos. Ocho días antes de celebrarse la boda, se
inauguró la Plaza
de Toros de Maracay (1931-1933), durante las famosas ferias de esa ciudad.
Fue este encargo privado, el que le otorgó el reconocimiento público y su aceptación
definitiva como arquitecto dentro del medio venezolano.

Adelantándose
a lo que sería su "segundo momento arquitectónico" realiza su primera
manifestación y edificación moderna con su casa de habitación "Los
Manolos" (1934) ubicada en la Urbanización La Florida (demolida en 1979).
A
la muerte del General Gómez, el poder central se traslada nuevamente a Caracas,
con apenas 240.000 habitantes y con el General Eleazar López Contreras como
Presidente Constitucional de la República. La cada vez más efusiva riqueza petrolera
en manos de un Estado ahora interesado en una apertura social, cultural y sanitaria
es invertida en las edificaciones necesarias para construir un país moderno,
y que generen a su vez un empleo masivo e inmediato a la masa de trabajadores
desempleados. Consecuencia de ello van a ser los Museos de Bellas Artes y Ciencias
Naturales, cimentando con ellos el corazón cultural de la capital.
En
París, con motivo de la Exposición
Internacional de las Artes y de las Técnicas en la Vida Moderna en 1937,
Villanueva, junto a Luis Malaussena, hacen presencia con un Pabellón
Venezolano que combina el esquema clásico de distribución espacial francesa,
pero con la apariencia de la arquitectura neohispanista y la utilización de
referencias vernaculares, en boga para aquellos años en Venezuela. Por esta
obra obtuvieron el diploma de "Grand Prix" dentro de la Expo.
Formará
parte de la Dirección de Urbanismo del Gobierno del Distrito Federal desde su
fundación en abril de 1938, participando en la elaboración del Plan Regulador
de Caracas, dirigido, en un primer momento, por la firma de asesores urbanísticos:
Prost, Lambert, Wegenstein y Rotival. Dos años más tarde, Villanueva será nombrado
Arquitecto en Jefe y Asesor del Banco Obrero de Venezuela, institución dedicada
a implementar soluciones para mejorar las condiciones de vivienda de la clase
obrera. Ejerciendo funciones en esta institución, hasta 1960, fue que Villanueva
logró poner en práctica su rol como urbanista, dejando a través de los proyectos
sociales más importantes de su carrera, una profunda transformación en el perfil
urbano de Caracas.
El
Segundo
Momento o Primera Modernidad (1939-1949) caracterizado por una clara influencia
de la arquitectura "modernista", se expresa en Villanueva a través de los proyectos
más importantes de esta época: la Escuela
Gran Colombia (1939-1942) primera escuela primaria moderna construida en
el país, la Reurbanización
de El Silencio (1941-1945) y la primera etapa de la Ciudad Universitaria
de Caracas (1944-1948). La escuela constituye el primer intento de Villanueva
por crear un vocabulario arquitectónico libre del embellecimiento historicista,
siendo
una realización prototípica en cuanto a edificaciones públicas se refiere, mientras
que con El
Silencio aborda el tema, para entonces inédito, de la vivienda de interés
social y de alta densidad. Con esta obra se marca el inicio del proceso de urbanización
en Venezuela y se constituye como el primer gran ejemplo de un conjunto urbanístico
instalado en el centro geográfico de la ciudad moderna. Nuevamente, y para los
tres proyectos mencionados, Francisco Narváez vuelve a participar en ese intento
de integración arquitectónica-escultórica, con La
Educación, las fuentes con Las Toninas
y un grupo de 11 obras respectivamente.
Desde
1942 data la participación de Villanueva, en representación del Ministerio de
Obras Públicas, en los primeros estudios, tanto de la creación de una Ciudad
Universitaria, como de un nuevo Hospital Clínico para la Universidad Central
de Venezuela (UCV). Ya para 1944, Villanueva presenta, ahora como el único arquitecto
responsable del Instituto Autónomo de la Ciudad Universitaria (ICU), la primera
composición de conjunto de lo que será su obra maestra y principal preocupación
de más de 20 años de dedicación: la Ciudad Universitaria de Caracas, que si
bien en su esquema general
responde
a una composición académica, los volúmenes de los edificios son articulados
con un lenguaje moderno. Para esa misma fecha, ingresa como profesor del Departamento
de Arquitectura, adscrito a la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad
Central de Venezuela en donde desarrolla una amplia y dilatada labor académica
en pro del ascenso de la Arquitectura como una especialidad profesional en el
país. Por ello también, el 4 de julio del año siguiente, reunido con los arquitectos
Rafael Bergamín, Heriberto González Méndez, Henrique García Maldonado, Luis
Eduardo Chataing, Cipriano Domínguez y Roberto Henríquez funda Villanueva la
Sociedad
Venezolana de Arquitectos, siendo nombrado como su primer Presidente.
Es a partir de 1946, que trabaja como Arquitecto Consultor
en el recién creado Taller de Arquitectura
del Banco Obrero (TABO), desde donde se generaron los
proyectos
de las urbanizaciones de alta densidad y que abrieron paso en el valle caraqueño
a los superbloques. Ese mismo año, promueve la creación de la Comisión Nacional
de Urbanismo, en la que se desempeña como Miembro-Fundador y Primer Director.
Su Tercer Momento o Período Plenamente Moderno toma cuerpo a partir 1950 (hasta 1958), el cual coincide a su vez con la segunda etapa de construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas (1949-1951), específicamente con los proyectos para la Zona Deportiva; a partir de entonces la obra toda de Villanueva marca un nuevo rumbo donde cada estructura será planteada como obra escultórica; desafío que el arquitecto no abandonó jamás. El tema de la "Síntesis de las Artes Mayores" nuevamente es abordado aquí, pero será más conceptualizado y depurado en su máxima expresión en los proyectos para la tercera etapa de construcción con el Centro Directivo-Cultural, específicamente en la Plaza Cubierta y el Aula Magna (1952-1953). Destacan además de este período las obras: Casa «Caoma» (1951-1952), la Unidad Residencial «El Paraíso» (1952-1954), la Facultad de Arquitectura (1954-1957) de la Ciudad Universitaria de Caracas, la Urbanización «2 de Diciembre» (1955-1957), la Iglesia «La Asunción» (1957) y Casa «Sotavento» (1957-1958).
Si
bien el ejercicio plenamente moderno de Villanueva se vio favorecido por el
auge económico en Venezuela para aquel momento, junto al compromiso de
la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-1958) de materializar su Nuevo Ideal
Nacional, primordialmente a través de obras públicas monumentales, injusto seria
no hacer mención que el mismo hecho de trabajar "indirectamente" para
la autocracia le trajo al arquitecto varias trabas,
desde boicots, sabotajes y amenazas durante la construcción de la Ciudad Universitaria,
hasta su encasillamiento como "arquitecto del régimen", incluso luego del derrocamiento
de éste.
La
experiencia que acumula en el área urbanística lo convierte en protagonista
del Plan Nacional de Vivienda de 1951, ejecutado por el TABO, proponiendo una
serie de intervenciones en el marco de la planificación integral de la vivienda
popular, el cual contempló la construcción de 12.185 viviendas en sólo cuatro
años. Este mismo año, el Concejo Municipal del Distrito Federal nombra como
Presidente de la Comisión de Urbanismo de dicha entidad, a Carlos Raúl Villanueva,
para elaborar junto a otros arquitectos la Nueva Ordenanza de Arquitectura y
Urbanismo.
Junto
con Juan
Pedro Posani y Ramón Lozada, funda en 1953, "A:
Hombre y Expresión", la primera revista especializada sobre arquitectura
en Venezuela. Pero será a finales de esta década y a comienzos de los sesenta,
que la actividad de Villanueva como ensayista y conferencista se
intensifique
cada vez más. Infinidad de charlas y conferencias, ensayos y la edición de los
escritos,
que contienen sus ideas en lo referente a la arquitectura moderna, será su motivo
de mayor interés. Formalmente publicó sólo dos libros: La
Caracas de Ayer y de Hoy: Su Arquitectura Colonial y la Reurbanización de El
Silencio, en 1950 y luego en 1966, con motivo de la celebración del Cuatricentenario
de Caracas (1567-1967), publica una reedición de este primer libro: "Caracas
en Tres Tiempos", con algunas ampliaciones e incorporación de textos
de Carlos Manuel Möller, Maurice Rotival y Mariano Picón Salas, acerca de la
evolución histórica de la ciudad.
No
sólo por su descomunal obra creativa, sino también por el compromiso con su
labor docente, Carlos Raúl Villanueva es también sinónimo de la Universidad
Central de Venezuela. Una vez concluidas sus obras capitales, el Maestro dedicará
sus esfuerzos a fortalecer más el área académica
y docente. Su agudo
sentido del humor, junto a su inexorable prosodia francesa, fue la característica
que más resaltó entre sus estudiantes en las cátedras de Urbanismo e Historia,
Teoría de la Arquitectura y la Ciudad y como Jefe de uno de los Talleres de
Composición.
La segunda ampliación del Museo de Bellas Artes de Caracas (1968-1977), el Pabellón Venezolano en la Exposición Internacional de Montreal (1966-67) y el Museo Jesús Soto (1970-1973), manifiestan de manera drástica la decantación estilística de Villanueva en su Periodo Minimalista o Cuarto y último Momento (1959-1970): Una culminación de su trayectoria en un manifiesto brutalista, reinterpretado a la luz de las tendencias occidentales y de la influencia japonesa de Kenzo Tange. Desarrolla al máximo una visión cubista en la que no existe una perspectiva visible, ni un punto de fuga estable y se centra en la idea de la mega-estructura de Le Corbusier, a partir de la fuerza que imprime el hormigón bruto. En palabras sencillas, es la búsqueda extrema de la simplicidad.
Hacia
los últimos años de vida, Villanueva desarrollará una fuerte inclinación hacia
las
artes
plásticas, ya no a través del diseño arquitectónico, sino de sus propias manos;
plasmada en sus conocidos ensambles,
realizados a partir de la recolección de materiales de desecho, llegando incluso
a obtener, en 1966, el Premio de Escultura "Fundación Mendoza" con la obra "Pic-nic",
en el V Salón Anual de Escultura, organizado por el Colegio Nacional de Arquitectos
de Venezuela. No obstante, esta inclinación se aprecia mejor en su atinada
sensibilidad para reconocer, y "afortunadamente recolectar" una de las colecciones
privadas de arte moderno más importante en Venezuela, fruto de sus estrechas
amistades con los más destacados artistas de la época, primordialmente abstractos:
Alejandro Otero, Jesús Soto y Mateo Manaure entre los artistas venezolanos;
junto a Alexander Calder, Fernand Léger, Víctor Vasarely y Laszlo Moholy-Nagy,
entre muchos otros.
Un
gran cúmulo de títulos y reconocimientos también "coleccionó" en vida y después
de su muerte, este singular arquitecto: Individuo de número en Academias nacionales
y extranjeras, miembro honorario de instituciones internacionales de arquitectura;
premios, placas y menciones en innumerables congresos, bienales y eventos. Por
todo ello, se le confirió el título "Doctor
Honoris Causa" en Arquitectura, por la Universidad Central de Venezuela
en
1961,
y en 1963 se le otorga el Premio Nacional de Arquitectura, distinción extendida
por primera vez por el Gobierno Venezolano. Ambos reconocimientos recaen por
su más destacada creación: Ciudad Universitaria de Caracas, de la que comentaría
benévolamente en 1973, Leonardo Benevolo:
"... la Ciudad Universitaria de Caracas... es todavía la parte más decorosa de la ciudad. La única donde existe una escala humana aceptable, la justa relación entre edificios y zonas verdes. Hoy en las condiciones más difíciles nadie puede tener ilusiones de obtener los resultados análogos sin enfrentar en forma deliberada la relación entre arquitectura y la política, y por eso la lección de Venezuela tiene valor general, más que todo para nosotros aquí en Europa".
De
todos los epítetos ostentados, el de mayor orgullo fue Carlos
Raúl Villanueva, el arquitecto, como el mismo llegó a firmar en
documentos. De todos los sobrenombres y apodos, tales como Dr.
Terremoto, por los obreros de sus construcciones; El
Gran Tigre por Jesús Soto; El Viejo
o Maestro Villanueva entre sus estudiantes,
el conferido por Alexander Calder, El Diablo,
será el más pletórico para referirse y abarcar el genio creador de Villanueva.
De quien también dijo:
"Estoy sumamente impresionado por una actitud tan valiente en el empleo de nuevas formas y estilos en la arquitectura, particularmente en la Ciudad Universitaria. Imponer la idea de construir e instalar los Platillos Voladores en el Aula Magna debió exigir gran valentía. Lo que hice al proponerlos nada es comparado con tal coraje..." "Ninguno de mis móviles ha hallado un ambiente más extraordinario... o más grandioso... es este el mejor monumento a mi arte"
Un artista de la talla de Fernand Léger también se refirió al Maestro en los siguientes términos: "Desde que Villanueva vino a verme con los planos y bocetos de su Ciudad Universitaria bajo el brazo, tuve el presentimiento de que este proyecto, si llegase a realizarse, constituiría un acontecimiento contemporáneo desde el punto de vista arquitectural. Por eso decidí colaborar creando un mural en mosaico y un vitral en pasta de vidrio". (Correspondencia de Fernand Léger a Villanueva, Febrero de 1954).
Un año
antes
de su muerte, el 4 de julio de 1974 (Día Nacional del Arquitecto), Carlos Raúl
Villanueva recibe uno de los homenajes más importantes de su país: de parte
de la Universidad Central de Venezuela, del Banco Obrero y del Colegio Nacional
de Arquitectos son develadas dos placas que bautizan a la Plaza Cubierta de
la Ciudad Universitaria de Caracas y al Bloque 1 de la Reurbanización de El
Silencio con su nombre.
Más
allá de su gran legado arquitectónico, de sus profundas huellas como urbanista,
de las ricas transformaciones que aportó a las Artes en general y de su incondicionalidad
como maestro, la gran herencia que este criollo
integral dio, para con su profesión y para con su país, fue haber inscrito
la arquitectura venezolana en las páginas de la arquitectura internacional del
siglo XX, demostrando magistralmente que es posible la
universalidad partiendo desde el profundo homenaje de lo local.
El
16 de agosto, a los setenta y cinco años de edad y víctima del Mal de Parkinson,
fallece en Caracas el arquitecto
por antonomasia de Venezuela. Sus restos fueron trasladados al Aula Magna
de la Ciudad Universitaria de Caracas para rendírsele un último adiós.
Caracas, octubre de 2000
LRB